Marco Teórico


El marco teórico proporciona el contexto conceptual y la base teórica sobre la cual se sustentan las acciones y estrategias propuestas en el plan para promover estilos de vida saludables en la Institución Educativa SAN JUAN BOSCO.

"Estilos de vida saludables" se refiere a prácticas y hábitos que promueven la salud física, mental y emocional. Algunos elementos claves son:

  • Dieta balanceada: Consumir una variedad de alimentos nutritivos, como frutas, verduras, granos enteros, proteínas magras y grasas saludables.
  • Actividad física regular: Mantenerse activo con ejercicio regular, que puede incluir caminar, correr, practicar deportes, yoga, etc.
  • Control del estrés: Manejar el estrés de manera efectiva a través de técnicas como la meditación, la respiración profunda, el tiempo de relajación o la terapia.
  • Buenas horas de sueño: Dormir lo suficiente y mantener un horario de sueño regular para permitir que el cuerpo se recupere y se repare adecuadamente.
  • Abstinencia de sustancias nocivas: Evitar el consumo excesivo de alcohol, tabaco y otras drogas, así como reducir el consumo de cafeína y azúcar.
  • Mantenerse hidratado: Beber suficiente agua durante todo el día para mantener el cuerpo hidratado y apoyar sus funciones.
  • Relaciones sociales y apoyo emocional: Cultivar relaciones saludables y satisfactorias con amigos, familiares y comunidades para fortalecer el bienestar emocional.
  • Autocuidado: Tomarse tiempo para uno mismo, practicando actividades que promuevan la relajación y el placer, como leer, tomar un baño caliente, practicar pasatiempos, etc.
  • Atención médica regular: Hacerse chequeos médicos periódicos y buscar atención médica cuando sea necesario para detectar y tratar problemas de salud a tiempo.
  • Mantener una mentalidad positiva: Cultivar una actitud optimista y una mentalidad de crecimiento para enfrentar los desafíos de la vida con resiliencia y adaptabilidad.

Al adoptar estos hábitos y practicarlos de manera consistente, se puede mejorar significativamente la calidad de vida y reducir el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.

Charles Basch es un autor destacado en el campo de la salud escolar y ha realizado investigaciones importantes sobre la relación entre la salud de los estudiantes y su rendimiento académico. En su trabajo "Healthier Students Are Better Learners: A Missing Link in School Reforms to Close the Achievement Gap" año 2010, Basch destaca la importancia de abordar los problemas de salud de los estudiantes como un elemento fundamental para mejorar los resultados educativos y cerrar la brecha de rendimiento académico.

Basch resalta que la salud de los estudiantes influye en su capacidad para aprender y tener éxito en la escuela. Señala que los problemas de salud, como la mala nutrición, la falta de actividad física, los trastornos del sueño, la depresión y la ansiedad, pueden afectar negativamente la concentración, la memoria, la atención y la participación en el aula. Además, estos problemas de salud pueden contribuir a tasas más altas de absentismo escolar y menor rendimiento académico.

Basch argumenta que abordar los problemas de salud de los estudiantes no solo mejora su bienestar general, sino que también puede tener un impacto positivo en su rendimiento académico. Propone que las políticas y programas escolares deben incluir intervenciones que promuevan la salud de los estudiantes, como la mejora de la nutrición, la promoción de la actividad física, el acceso a servicios de salud mental y el apoyo emocional

La Teoría del Comportamiento en Salud, desarrollada por Susan Michie y sus colegas en 2011, ofrece un marco integrado para comprender y cambiar el comportamiento relacionado con la salud. Esta teoría se basa en la idea de que el comportamiento humano es complejo y está influenciado por una variedad de factores, y propone un enfoque sistemático para identificar y abordar estos factores para promover comportamientos saludables.

La teoría se centra en tres componentes clave que influyen en el comportamiento:

Motivación: Esta se refiere a la motivación intrínseca y extrínseca que impulsa el comportamiento. La teoría distingue entre diferentes tipos de motivación, incluida la motivación intrínseca (motivación interna basada en el interés y la satisfacción personal) y la motivación extrínseca (motivación basada en recompensas externas o evitación de castigos).

Capacidad: La capacidad se refiere a la habilidad y los recursos necesarios para realizar el comportamiento deseado. Esto incluye tanto habilidades físicas y cognitivas como factores ambientales y sociales que facilitan o dificultan la ejecución del comportamiento.

Oportunidad: Este componente se refiere a los estímulos externos que activan o desencadenan el comportamiento. Incluye factores ambientales y sociales que pueden influir en la toma de decisiones y acciones de una persona.

La teoría del Comportamiento en Salud propone que el comportamiento es el resultado de la interacción dinámica entre estos tres componentes, y que los programas de intervención deben abordar cada uno de estos componentes para ser efectivos. Proporciona un marco sistemático para el diseño, implementación y evaluación de intervenciones de promoción de la salud, que pueden incluir estrategias como el establecimiento de metas, el refuerzo de la motivación intrínseca, la capacitación de habilidades y la modificación del entorno para facilitar el comportamiento saludable.

En resumen, la Teoría del Comportamiento en Salud ofrece un enfoque integral y basado en la evidencia para comprender y cambiar el comportamiento relacionado con la salud, con aplicaciones en una variedad de contextos, incluido el ámbito educativo.

El Modelo Socio ecológico de la Salud es un marco teórico que examina cómo los factores sociales, económicos, ambientales y culturales influyen en la salud y el bienestar de las personas y las comunidades. Este modelo reconoce que la salud no es simplemente el resultado de decisiones individuales, sino que está determinada por una compleja interacción de factores que operan a múltiples niveles.

El modelo se basa en la idea de que los individuos existen dentro de sistemas socio ecológicos que incluyen múltiples niveles de influencia:

  • Nivel individual: Incluye características individuales como edad, género, nivel socioeconómico, educación y salud física y mental.
  • Nivel interpersonal: Se refiere a las relaciones interpersonales y las interacciones sociales, como la familia, amigos, compañeros de trabajo y redes sociales.
  • Nivel comunitario: Engloba los entornos físicos y sociales más amplios en los que las personas viven, trabajan y juegan, como vecindarios, escuelas, lugares de trabajo y organizaciones comunitarias.
  • Nivel institucional/organizacional: Se refiere a las políticas, normas y prácticas de las instituciones y organizaciones, como empresas, escuelas, hospitales y agencias gubernamentales.
  • Nivel sociocultural: Incluye valores, normas, creencias y tradiciones compartidas por grupos culturales más amplios, así como factores como la discriminación, el acceso a recursos y el estigma social.

El Modelo Socio ecológico de la Salud reconoce que la interacción entre estos diferentes niveles de influencia puede tener un impacto significativo en la salud y el bienestar de las personas y las comunidades. Por lo tanto, aboga por enfoques de salud pública y prácticas de intervención que consideren estos múltiples niveles de influencia y trabajen para abordar las inequidades en la salud mediante la creación de entornos saludables y el fortalecimiento de los sistemas de apoyo social.

En resumen, el Modelo Socio ecológico de la Salud proporciona un marco integral para comprender y abordar los determinantes sociales de la salud, reconociendo la importancia de factores que van más allá del nivel individual y destacando la necesidad de intervenciones que aborden los sistemas socio ecológicos en su conjunto.

Estilo de vida, hábito de vida o forma de vida hace referencia a un conjunto de comportamientos o actitudes cotidianos que realizan las personas, algunos de los cuales pueden ser no saludables.

Los estilos de vida están determinados por procesos sociales, tradiciones, hábitos, conductas y comportamientos de los individuos y grupos de población que conllevan a la satisfacción de las necesidades humanas para alcanzar la calidad de vida.

De igual modo, el estilo de vida es la base de la calidad de vida, concepto que la Organización Mundial de la Salud –OMS- define como "la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus objetivos, sus expectativas, sus normas, sus inquietudes".

La calidad de vida está relacionada con los siguientes aspectos:

  • Satisfacción en las actividades diarias.
  • Satisfacción de las necesidades.
  • Logro de metas de vida.
  • Autoimagen y la actitud hacia la vida.
  • Participación de factores personales y socio ambientales.

Entre los estilos de vida que afectan la salud y con ello la calidad de vida de las personas, se encuentran los siguientes:

  • Consumo de sustancias tóxicas: tabaco, alcohol y otras drogas.
  • Sedentarismo, falta de ejercicio.
  • Insomnio.
  • Estrés.
  • Dieta des balanceada.
  • Falta de higiene personal.
  • Errada manipulación de los alimentos.
  • No realizar actividades de ocio o aficiones.
  • Falta de relaciones interpersonales.
  • Contaminación ambiental.

Algunos estilos de vida saludables que debemos tener en cuenta para alcanzar la calidad de vida que deseamos son:

  • Tener sentido de vida, objetivos de vida y plan de acción.
  • Mantener la autoestima, el sentido de pertenencia y la identidad.
  • Mantener la autodecisión, la autogestión y el deseo de aprender.
  • Brindar afecto y mantener la integración social y familiar.
  • Promover la convivencia, solidaridad, tolerancia y negociación.
  • El autocuidado.
  • Tener acceso a seguridad social en salud.
  • Controlar factores de riesgo como obesidad, vida sedentaria, tabaquismo, alcoholismo, abuso de medicamentos, estrés y algunas patologías como hipertensión y diabetes.
  • Realizar actividades en tiempo libre y disfrutar del ocio.

La estrategia para desarrollar estilos de vida saludables radica esencialmente, según Bassetto (2008), en el compromiso individual y social que se tenga, sólo así se satisfacen necesidades fundamentales, se mejora la calidad de vida y se alcanza el desarrollo humano en términos de la dignidad de la persona.

Fuente: Promociónyprevencion.com. (Marzo 8, 2012). Nutrición sana. Recuperado el 21 de marzo de 2013 de http://www.promocionyprevencion.com/ 


2.  Aumentar el consumo de frutas y verduras, consumir 5 porciones entre frutas y verduras de diferentes colores al día, en todos los grupos de edad y mantener buenos hábitos alimentarios es el llamado que hace el Ministerio de la Protección Social para prevenir enfermedades y adquirir hábitos de vida saludables.

 Según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia, ENSIN 2010, dos de cada 7 colombianos, entre 5 y 64 años, no consumen frutas diariamente y 5 de cada 7, no consumen hortalizas o verduras diariamente. Además, los consumos corresponden solo a la mitad de los 400 gramos diarios recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

 Como una guía para la población, y en el marco de la Semana de los Hábitos de Vida Saludable, que se realiza del 18 al 24 de septiembre y del que hacen parte más de 27 organizaciones entre entidades del Estado, gremios del sector salud y sociedades científicas el Ministerio de la Protección Social elaboró el decálogo para que los colombianos incorporen a sus hábitos de alimentación balanceada para una vida activa y saludable.

 Los diez puntos recomendados son:

 

  1. En la variedad está el placer: Todos los días coma: frutas, verduras, cereales integrales, leguminosas, lácteos bajos en grasa, carnes magras y huevos. Combine colores y sabores.
  2. Con menos grasa, mejor se pasa: Prefiera alimentos asados, cocidos o al vapor sin aceite, manteca, ni mantequilla o use sin reusar aceite de oliva, canola, girasol y aquellos mono y poliinsaturados (son ricos en ácidos grasos del tipo Omega 3 y Omega 6) sin grasas “trans” ¡Mire la etiqueta!
  3. Apuésteles a tres frutas: energía, frescura y color: Las frutas aportan energía, fibra, vitaminas y minerales, que mejoran su digestión. Combine colores y sabores y apuéstele a consumir al menos 3 porciones al día, notará la diferencia.
  4. Descubra la aventura de la verdura: Hay verdes, amarillas y rojas. Dos al día frescas o cocidas potencian su salud y metabolismo. Tiene miles de posibilidades de preparación: ensaladas, sopas, cremas, tortilla y lo que dé su imaginación.
  5. Endulce su vida con amor: Cambie los postres por abrazos y besos, las gaseosas y refrescos por agua y jugos sin azúcar agregada. Endulce su vida con amor y su metabolismo será estable y saludable.
  6. Adiós al salero: No agregue sal a las comidas y evite alimentos altos en sodio: prefiera enlatados, embutidos y carnes frías que indique en la etiqueta “bajo en sodio”. Diga adiós al salero y su corazón bailará liviano y feliz.
  7. Integre lo integral a su vida: Prefiera alimentos integrales: pan, tostadas, arroz, cereal, avena y pasta. Lo llenan de energía, mejoran su digestión y regulan su absorción de nutrientes. Compártalos en familia.
  8. Comidas rápidas, depende de lo que pida: Pida: Ensaladas (frutas o verduras), sopas con verduras, sándwich en pan integral, agregue nueces y almendras. Evite alimentos con alto contenido calórico, grasas y sodio. Estará más vital.
  9. Actívese…a la actividad física: Descubra que al mover su cuerpo tendrá más energía, dormirá mejor, disminuirá el estrés, se mejora su salud y su vida. ¡Acumule 150 minutos de actividad física moderada en la semana y en su cuerpo se notará! Caminar, subir escaleras y bailar.
  10. Una vida comienza con el mejor alimento y bebida: Los niños y niñas deben recibir Lactancia Materna Exclusiva durante sus primeros seis meses de vida y complementaria con alimentación saludable hasta los dos años de edad, asegurando el crecimiento y desarrollo durante su vida.

Fuente: Ministerio de Salud y Protección Social > Adquirir hábitos de alimentación balanceada y saludable 

19/09/2011

 Boletín de Prensa No 294 de 2011

 

3. LA PROMOCIÓN DE ESTILOS DE VIDA SALUDABLES

La promoción de estilos de vida saludables implica conocer aquellos comportamientos que mejoran o socavan la salud de los individuos. McAlister (1981) entiende por conductas saludables aquellas acciones realizadas por un sujeto, que influyen en la probabilidad de obtener consecuencias físicas y fisiológicas inmediatas y a largo plazo, que repercuten en su bienestar físico y en su longevidad. En la actualidad, se conoce un número importante de comportamientos relacionados con la salud, apresados a través de la investigación epidemiológica. A continuación, exponemos algunos de los más importantes (Oblitas, 2000, 2003, 2004, 2004a):

1. Practicar ejercicio físico. Realizar una actividad física de modo regular (ej., dar largos paseos) es el vehículo más adecuado para prevenir el comienzo de las principales patologías físicas y psicológicas que afectan a la sociedad desarrollada. También es útil para atenuar el grado de severidad cuando el sujeto ya presenta la enfermedad (Haskell, 1984). Una actividad física moderada, realizada regularmente, repercute beneficiosamente en la salud. Los principales beneficios del ejercicio sobre la salud tienen que ver con la prevención de los problemas cardiovasculares (Haskell, 1984). Las personas que realizan asiduamente ejercicio físico corren menos riesgo de desarrollar y de morir de una dolencia coronaria. También ayuda a controlar el peso, a normalizar el metabolismo de los carbohidratos y de los lípidos... 

También aporta beneficios psicológicos, pues se ha visto que la realización de una actividad física regular reporta beneficios considerables a la persona. En primer lugar, una actividad física enérgica practicada regularmente reduce los sentimientos de estrés y ansiedad. El ejercicio y la buena forma física pueden proteger a la gente de los efectos perjudiciales del estrés sobre la salud. Varias investigaciones (ej., Blumenthal y McCubbin, 1987) han mostrado una fuerte evidencia que la realización de ejercicio o gozar de buena salud contribuye a la estabilidad emocional, fruto de la reducción de la ansiedad, la depresión y la tensión. En segundo lugar, aquellos individuos que siguen programas para estar en forma informaron que mejoraron en sus actitudes y actividad laboral (ej., Folkins y Sime, 1981). En tercer lugar, la participación en una actividad física regular contribuye a la mejora del autoconcepto del sujeto (Sime, 1984), porque las personas que realizan ejercicio mantienen más fácilmente el peso adecuado, presentan un aspecto más atractivo y se suelen implicar de modo exitoso en distintos deportes y actividades físicas.

2. Nutrición adecuada. En términos de efectos en la salud, los hábitos alimentarios de las personas que viven en las sociedades desarrolladas, han pasado desde los estragos de las deficiencias dietéticas de principios de siglo, a los estragos derivados del exceso, en las últimas décadas. Una nutrición correcta se hace imprescindible para lograr un estado saludable. De hecho, la mayor parte de las enfermedades actuales guardan una estrecha relación con la dieta alimenticia (ej., la diabetes, la caries dental). Una buena práctica nutricional se caracteriza por una dieta equilibrada, que contenga todas las sustancias nutritivas esenciales (ej., minerales, vitaminas, proteínas), y un consumo adecuado, evitando una ingesta excesiva de alimentos. O dicho de otro modo, la dieta saludable es aquella que minimiza el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la nutrición (Hegsted, 1984).  Las dietas saludables proporcionan una cantidad adecuada de todos los nutrientes esenciales para las necesidades metabólicas del organismo. Además de agua, los alimentos contienen cinco tipos de componentes químicos que aportan nutrientes específicos para el buen funcionamiento del organismo: carbohidratos, lípidos, proteínas, vitaminas y minerales (Holum, 1987).

Las dos principales causas de morbilidad y mortalidad de la década de los 90, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, se deben en gran medida a comportamientos nutricionales inadecuados. Por ejemplo, enfermedades como el cáncer de colon, el estreñimiento y la diverticulosis se han relacionado con dietas pobres en fibras. Dietas ricas en grasa y sal favorecen la hipercolesteremia y la hipertensión, dos importantes factores de riesgo de la enfermedad cardíaca (Costa y López, 1986).

Cabe señalar que, entre los hábitos alimenticios más recomendables para implantar, se encuentran la disminución del consumo de grasas animales, aumento del consumo de leche, patatas y especialmente verduras, frutas y alimentos de alto contenido en fibra, reducir el consumo de azúcar, dulces y harinas refinadas y evitar el consumo excesivo de alcohol.  Esto es, nuestra dieta para que sea equilibrada debe aportarnos todos los nutrientes básicos y la fibra necesaria a nuestras necesidades, a base de ingerir diversos alimentos de los cuatro grupos básicos: cereales, frutas y vegetales, productos lácteos y carnes y pescados (Nelson, 1984).

Por último, la mayoría de la gente que come saludablemente no necesita consumir suplementos vitamínicos u otros nutrientes. Sin embargo, algunas poblaciones especiales, como por ejemplo las mujeres embarazadas, necesitan una cantidad extra de nutrientes, que, aunque se pueden proporcionar introduciendo modificaciones en su dieta, es recomendable que tomen suplementos (ej., hierro) (Hegsted, 1984).

3. Adoptar comportamientos de seguridad. Las tasas de muerte por accidentes persisten como la tercera causa de muerte en los países desarrollados. La mayor parte de los accidentes podrían ser evitados, pues la mayoría de ellos son ocasionados por la conducta de los individuos. Comportamientos inapropiados en el manejo de automóviles, medicamentos, armas blancas y de fuego, sustancias tóxicas, fuego, etc., son una fuente considerable de lesiones (Robertson, 1984). Aproximadamente las dos terceras partes de las muertes por accidente no son intencionadas. La mayor parte de las lesiones se deben a los accidentes automovilísticos y a los ocurridos por fuego.

Si excluimos el primer año de vida, las lesiones se convierten en la causa principal de muerte durante las primeras cuatro décadas de vida del individuo. La mitad de las muertes en los niños y adolescentes también se deben a los accidentes. Se pierden más años de trabajo por lesiones y muerte relacionadas con los accidentes que por ninguna otra causa. Los jóvenes, los pobres y las personas de edad avanzada sufren más lesiones que el resto de la población. Los mineros y los trabajadores de industrias y agrícolas son el colectivo que presentan un mayor número de lesiones incapacitantes (Waller, 1987).

Especial mención merecen los accidentes de tráfico, por sus consecuencias nefastas. Tal y como ya hemos mencionado, los accidentes de tráfico se llevan la palma en cuanto a mortalidad y morbilidad. Dan cuenta de aproximadamente la mitad de todas las muertes debidas a accidentes. Las tasas de mortalidad derivadas de los accidentes de vehículos de motor se incrementan de modo alarmante durante la adolescencia. Los jóvenes entre 15 y 19 años presentan una probabilidad de dos veces y media mayor de morir en un accidente de circulación que las jóvenes de su misma edad (Matarazzo, 1984a; Piédrola, 1988).

Ahora bien, la mayor parte de estos accidentes pueden evitarse y es posible que muchas de las lesiones derivadas de los mismos se eliminen, o por lo menos, se reduzcan, adoptando cuatro medidas generales de prevención (Haddon y Baker, 1981): 1) eliminar los agentes físicos (ej., armas de fuego); 2) reducir la cantidad del agente (ej., velocidad de los vehículos); 3) evitar la liberación del agente (ej., dispositivos de sujeción en los vehículos); y, 4) cambiar superficies, estructuras o productos peligrosos (ej., automóviles).

Nosotros creemos que un objetivo específico de la psicología de la salud es lograr un cambio conductual en todas estas prácticas, en la dirección de promover el uso del cinturón de seguridad en los automóviles, reducir la exposición de los niños a factores de riesgo, etc.

4. Evitar el consumo de drogas. Uno de los tres problemas que más preocupan a nuestros ciudadanos son las drogas. En la sociedad actual el uso de drogas ilegales (heroína, cocaína, marihuana, etc.) y legales (alcohol, tabaco y drogas de prescripción) es un fenómeno que ha adquirido gran relevancia. Estas sustancias son una fuente de problemas de salud, dando lugar a diferentes clases de cánceres, enfermedades del aparato respiratorio, cardiopatía isquémica, enfermedades cerebrovasculares, etc. (ej., Schukitt, 1995).

Una de las muchas clasificaciones existentes en el ámbito de las drogodependencias contempla la diferenciación entre drogas legales e ilegales. Las sustancias legales son aquellas que su venta y consumo está permitido por la ley. El tabaco y el alcohol son el ejemplo por excelencia de esta categoría de drogas institucionalizadas, además de ser las más consumidas por la población y las que generan más problemas sociosanitarios. Por ejemplo, las cifras de mortalidad al año por muertes prematuras a causa del tabaco se aproximan a 390.000 en EE.UU., 500.000 en Europa, 44.000 en España y 14.000 en México (Becoña, 1994a). Sin lugar a dudas, es la principal causa de muerte prevenible en el mundo, con un total de tres millones de defunciones al año. Más que todas las que provocan la suma juntas del alcohol, las drogas ilegales, los homicidios, los suicidios, los accidentes de coche y el SIDA.

Por contra, la venta y el consumo de drogas ilegales carecen de reconocimiento legal. En los últimos años, este tipo de drogas han creado muchos problemas serios en nuestro medio. Los problemas, sin embargo, son principalmente de índole social y no relacionados con la salud física. La gente que muere como consecuencia de los efectos de las drogas ilegales es muy poca, si la comparamos con la generada por el tabaco y el alcohol.

Tanto las drogas legales como las ilegales representan un peligro potencial para la salud. Sin embargo, las drogas ilegales presentan ciertos riesgos a diferencia de las legales, sin tener en cuenta los efectos farmacológicos. Por ejemplo, este tipo de sustancias pueden ser vendidas como un tipo de droga cuando realmente son otra; contienen otro tipo de sustancias que pueden ser por sí mismas peligrosas para la salud; falta de medidas higiénicas durante la administración; el consumidor no tiene asegurada la dosis por motivos económicos o de demanda y un largo etcétera. También son un foco de problemas de índole social, pues los consumidores producen inseguridad ciudadana, tráfico de drogas, crímenes, robos, etc. Otros problemas importantes que generan las mismas son de tipo laboral y económico.

En resumen, todas las drogas tienen capacidad de generar adicción, pero precisamente la peculiaridad de una sustancia viene dada por los problemas de salud, económicos, y sociales que genera, dándose enormes diferencias en dicha tríada. Así, por ejemplo, mientras el tabaco es la droga que causa mayor mortandad, el alcohol es la que produce mayores problemas sociales, laborales y económicos (Becoña, 1995). Por tanto, es necesario que el uso de tales sustancias sea eliminado o reducido al mínimo, en el peor de los casos.

5. Sexo seguro. Cada año millones de personas, la mayoría de ellos jóvenes, contraen enfermedades transmitidas sexualmente (ej., gonorrea, herpes). Estas enfermedades han sido siempre potencialmente peligrosas, pero durante los últimos 40 años, la mayoría pueden ser tratadas eficazmente. Sin embargo, en la década de los años 80 la irrupción en escena del SIDA cambió completamente el panorama. El SIDA consiste en la presentación de una o varias enfermedades (ej., sarcoma de Kaposi) como consecuencia de la infección previa producida por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Además, en pacientes afectados, el SIDA es una enfermedad contagiosa debida precisamente al virus VIH. Éste se encuentra en numerosos fluidos humanos, aunque sólo en algunos (ej., semen, secreciones vaginales) presenta una concentración suficiente como para provocar una infección (Weber y Weiss, 1988; Bayés, 1995).

 Se observó que la amplia mayoría de infecciones VIH se habían producido a través de la transmisión sexual, pues las minúsculas lesiones que se producen durante la penetración (vaginal y anal) y otras prácticas sexuales (ej., buco-genitales) facilitaban que el virus VIH pasara a través del semen y de las secreciones vaginales a la corriente sanguínea de su pareja. Además, factores tales como mantener relaciones promiscuas, no usar preservativos, penetración anal o contacto bucal-genital, incrementan el riesgo de adquirir dicha infección (Gerberding y Sanding, 1989).

La clara evidencia de la transmisión sexual del VIH ha producido un vuelco en la concepción del manejo de este tipo de enfermedades. La única vía alternativa en estos momentos para luchar contra esta enfermedad es la prevención, a través de comportamientos que minimicen el riesgo (ej., uso de preservativos, mantener relaciones monogámicas) (Bayés, 1995; Kaplan, 2013).

Uno de los problemas más preocupantes a los que debe hacer frente nuestra sociedad es el de los embarazos no deseados, en concreto, en el colectivo de las adolescentes. Un embarazo no deseado en una adolescente supone un serio problema para ella, su futuro hijo, sus padres, amigos y los servicios sanitarios y educativos. Aunque.

Si bien es cierto, que muchos padres adolescentes adoptan decisiones responsables en caso de embarazo y proporcionan a sus hijos de un buen cuidado prenatal y obstétrico. Sin embargo, muchos no lo hacen. Esto es, un gran número de embarazos no deseados se acompañan de una incidencia desproporcionada de mortalidad infantil, descuido y maltrato a los niños, terminando, aproximadamente cuatro de cada diez embarazos dentro de este grupo en aborto o malogros. Las madres adolescentes tienen un riesgo dos veces mayor de tener anemia, preclamsia y complicaciones durante el parto, además, de un mayor riesgo de mortalidad durante el mismo (OMS).

Por otra parte, los hijos de madres adolescentes presentan una tasa de morbilidad y mortalidad dos veces mayor que los bebés de las madres adultas, corriendo el riego de experimentar más malformaciones congénitas, problemas de desarrollo, retraso mental, ceguera, epilepsia y parálisis cerebral (Hunt, 1976). Por si fuera poco, tanto los padres como sus hijos tienen que afrontar a corto, medio y largo plazo una serie de adversidades sociales, legales, psicológicas, educativas y económicas.

6. Desarrollo de un estilo de vida minimizador de emociones negativas. Las emociones negativas constituyen un riesgo para la salud. Estas influyen sobre la salud a través de diferentes mecanismos. Quizás el más conocido es el Síndrome General de Adaptación (SGA) (Selye, 1936, 1956), también denominado estrés. Labrador define el estrés como: "Se considera que una persona está en una situación estresante o bajo un estresor cuando debe hacer frente a situaciones que implican demandas conductuales que le resultan difíciles de realizar o satisfacer. Es decir, que el individuo se encuentre estresado depende tanto de las demandas del medio como de sus propios recursos para enfrentarse a él; o, si avanzamos un poco más, depende de las discrepancias entre las demandas del medio, externo e interno, y la manera en que el individuo percibe que puede dar respuesta a esas demandas" (p. 27).

Dicha definición está acorde con el enfoque interaccional del estrés, que es el más aceptado de la actualidad, y que concibe a éste como un proceso transaccional entre el individuo y la situación. Según dicho enfoque, la naturaleza e intensidad de la reacción del estrés viene modulada, al menos, por tres factores: en primer lugar, por el grado de amenaza que el sujeto percibe en la situación; segundo, por la valoración que el individuo hace de los recursos que cree tener para afrontar con éxito la demanda de la situación; y, tercero, por la disponibilidad y el grado de afrontamiento que el sujeto pone en marcha, para restablecer el equilibrio en la transacción persona-ambiente.

La cronicidad de este síndrome (SGA) conlleva un aumento de la vulnerabilidad del individuo a padecer algún tipo de enfermedad (ej., incremento de glucocorticoides). Los efectos neuroendocrinos e inmunitarios del estrés no constituyen un agente patógeno específico, sino que representan un riesgo específico, que hace a los sujetos más vulnerables ante las enfermedades (ej., enfermedad cardiovascular) en general.

No sólo puede inducir directamente efectos psicológicos y fisiológicos que alteran la salud, sino que también puede influir también sobre la salud de modo indirecto, a través de la elicitación o mantenimiento de conductas no saludables. Esto es, no sólo son importantes para la salud del individuo los efectos a nivel orgánico que produzca el estrés u otras emociones negativas. Un individuo que viva bajo situaciones estresantes es más probable que incremente conductas de riesgo y reduzca todo tipo de conductas saludables. Por ejemplo, en algunos estudios (ver Newcomb y Harlow, 1986) se encontró que el incremento en el estrés estaba asociado a un incremento en el uso del alcohol y otras drogas. También se ha comprobado que parte de los efectos negativos que tiene el estrés sobre la salud proviene del hecho de que las personas sometidas a estrés, especialmente de tipo laboral, presentan hábitos de salud peores que las personas que no lo sufren.

Se ha sugerido que el apoyo social puede ser un factor modulador del estrés importante para aquellas personas que viven bajo situaciones estresantes (ej., divorcio), pues practican más ejercicio físico y consumen menos tabaco o alcohol cuando gozan de un nivel elevado de apoyo social, en contraste con aquellas que cuentan con poco o ningún apoyo social. 

Se ha encontrado que las tasas de incidencia de adherencia a las recomendaciones de los clínicos no suelen superar el 50%, con una oscilación entre el 30% al 60% (Meichenbaum y Turk,), bien por olvido, por no comprender los mensajes o por falta de acuerdo en cumplirlos. Todavía más preocupante es el hecho del elevado número de personas que no se adhiere a los regímenes profilácticos prescritos (ej., embarazadas que no toman los suplementos vitamínicos), llegándose a situaciones como en el caso de la hipertensión en el que el incumplimiento de las prescripciones médicas es más la norma que la excepción.

En el caso de las enfermedades crónicas (ej., hipertensión), las consecuencias de la falta de adhesión al tratamiento acarrean consecuencias muy negativas en la esfera física, psicológica y social de los clientes, además de derivar en un coste importante para la sociedad. Por tanto, el incumplimiento y no seguimiento de las prescripciones genera unos costes personales importantes, en especial, en la calidad de vida que puede gozar la persona. Pero, además, se está produciendo una mala utilización de los servicios de salud, con el consiguiente e innecesario incremento de los costes sanitarios. Por contra, la adherencia a las prescripciones de los clínicos evitaría visitas innecesarias de los sujetos a los ambulatorios, hospitalizaciones innecesarias, etc. La crucialidad de esta cuestión lo refleja muy acertadamente Bayés cuando dice: "De qué nos servirá tratar de montar un gran aparato sanitario que funcione a la perfección si luego la mitad de los pacientes no siguen las prescripciones médicas o se equivocan al llevarlas a la práctica".

Fuente:

Grandes G, Sánchez A, Cortada JM, Calderón C, Balague L, Millán E et al. Estrategias útiles para la promoción de estilos de vida saludables en atención primaria de salud. Investigación Comisionada. Vitoria-Gasteiz. Departamento de Sanidad, Gobierno Vasco, 2008. Informe nºOsteba D-08-07.


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